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martes, 25 de agosto de 2015

Praga-Viena 2015: Praga

Este verano hemos visitado Praga (y alrededores) y Viena. En esta entrada os comentaré la primera parte del viaje, y en la siguiente, la segunda.

Plaza de Wenceslao.
Nada más llegar a Praga recogimos la Prague Card, una tarjeta turística que proporciona acceso ilimitado al transporte público de la ciudad (que funciona realmente bien) y descuentos en las atracciones más importantes, y que al contrario que las tarjetas de algunas ciudades como Estambul, realmente se amortiza. Lo primero que visitamos fue el Museo Nacional, pero al estar en reformas en estas fechas, tuvimos que ver su contenido en un moderno edificio situado justo al lado. No es un museo imprescindible. Frente a él se situa la Plaza de Wenceslao, en la que tuvieron lugar las manifestaciones contra el gobierno comunista a finales de los 80, y ahora plagada de tiendas de moda y establecimientos de restauración. Cerca de aquí se hallan el interesante Museo Mucha, con numerosas obras del artista de art noveau Alfons Mucha (que tenía un estilo muy personal, similar al cómic) y el Museo del Comunismo, un pequeño museo en el que suena contínuamente la Internacional y en el que podremos ver objetos, documentos y reportajes sobre este período de historia de la República Checa.

Cristalera en la Catedral de San Vito.
Algo que no podíamos perdernos es el famoso Puente de Carlos, un vetusto puente de piedra sobre el río Moldava adornado con una treintena de esculturas y plagado de turistas, músicos callejeros, dibujantes y vendedores ambulantes. Un ambiente parecido al de las Ramblas de Barcelona, vamos. A decir verdad, la ciudad es extremadamente turística y es inevitable hallarse rodeado de turistas en cualquiera de las principales atracciones. A ambos lados del puente hay unas torres (de las muchas que hay en la ciudad), y visitamos la más alta de ellas. Cerca de este puente está el Museo de Karel Zeman, un cineasta checo famoso por usar diversas técnicas de efectos especiales en sus obras. Si no conocéis su obra, podéis prescindir de su visita. Ahora bien, sí queréis ver unos efectos especiales peculiares en un teatro, no os perdáis una función de teatro negro. Asistimos a un pase en el teatro Metro, que tiene la particularidad de enseñarte cómo lo hacen todo al terminar la función de una forma muy participativa.

Panorámica de Praga.
Al otro lado del río Moldava y supervisando la ciudad, se halla el Castillo de Praga, que en realidad es un conjunto de edificios que puede ocuparnos perfectamente medio día si queremos ver lo más importante: la Catedral de San Vito (la más grande de Centroeuropa, inmensa), el Antiguo Palacio Real (donde se produjeron los defenestramientos de la época de Jan Hus), el Convento y Basílica de San Jorge y la Callejuela del Oro, en la que se halla la que fuera residencia de Frank Kafka. Merece la pena subir andando desde el Puente de Carlos, realizar la visita y bajar por los jardines que lo rodean, no está a una altura excesiva y las vistas lo valen. Ah, todos los días a las 12h se realiza el cambio de guardia en el Castillo, con sus "coreografías" y una pequeña banda que ameniza el acto con fanfarrias, es algo curioso de ver.

Teatro negro.
Cerca del Castillo se halla el Monte Petrýn, a cuya cima podemos acceder mediante funicular, y en el que se encuentra la Torre Petrýn -una especie de Torre Eiffel visitable desde la que tendremos unas magníficas vistas de la ciudad, tras escalar tropecientos escalones, eso sí-, el Observatorio y el Laberinto de Espejos. Ya en el centro, en las inmediaciones de la gran Plaza de la Ciudad Nueva, se encuentra el famoso Reloj Astronómico, en el que cada hora veremos desfilar estatuillas de los 12 apóstoles. Más lejos se encuentra la Torre de la Pólvora, otra torre visitable cerca de la Casa Municipal. Al norte de la Plaza está Josefov, el barrio judío, en el que podremos visitar las 6 sinagogas (incluida la magnífica y recargada Sinagoga Española), el Memorial por las víctimas del Holocausto y el famosísimo Cementerio Judío, con sus lápidas apiladas de manera desordenada. Vale la pena visitar este barrio para aprender sobre la vida de esta comunidad en este país.

Cúpula de la Sinagoga Española.
Respecto a los alrededores de Praga, visitamos por un lado Pilsen (lugar en el que nació el archiconocido estilo de cerveza pilsen), y por otro Terezín, una ciudad-campo de concentración con una historia muy curiosa. En cuanto a Pilsen, es una ciudad muy normal comparada con la hiperturística Praga, en la que destacan: la Gran Sinagoga, que es la más grande de la R.Checa, una construcción enorme, y que cuenta con una muy interesante exposición de fotos de la II Guerra Mundial; la fábrica de cerveza Pilsner Urquell, un lugar imprescindible si sois amantes del "zumo de cebada", como es mi caso (dentro te "obsequian" con un vaso de cerveza sin filtrar, y te puedes ganar otro vaso extra si ganas a tu rival en una divertida carrera de toneles); las Catacumbas, una red de túneles subterráneos que merece la pena visitar si te toca un buen guía, cosa que no nos pasó... El Museo de la Cerveza es un lugar prescindible.

Fábrica de cerveza Pilsner Urquell.
La historia de Terezín es que fue una ciudad-fortaleza usada por los nazis como lugar de paso de sus prisioneros hacia los campos de exterminio como Auswitz, y en la que el ejército de Hitler montó, en una elaborada farsa, una especie de ciudad-balneario para judíos con motivo de la visita de observadores internacionales de la Cruz Roja en 1944, para convencerles (y parece que lo logró) de que sus prisioneros eran tratados de modo excelente. Incluso rodó una propagandística película dirigida por un judío (engañado para ello, claro), para más inri. Unos 33.000 prisioneros murieron allí debido a las pésimas condiciones de vida a las que fueron sometidos, y anteriormente por ahí pasó algún que otro preso tan "insigne" como el asesino del archiduque Francisco Fernando, que provocó el inicio de la I Guerra Mundial. La prisión, usada como campo de concentración, y sus muros, catacumbas, habitaciones (en las que se hacinaban unas 80 personas en 50m2) y patios son, sin duda, lo más interesante de la visita.

Ducha en el campo de concentración de Terezín.
Aquí tenéis el resto de fotos del viaje. En la próxima entrada visitaremos Viena...


Salu2, Paco.

lunes, 25 de agosto de 2014

Estambul 2014


Hace unos días pasé una semanita en Estambul con mi pareja. Tras elegir las fechas del viaje, nos preocupaba que coincidieran con los últimos días del Ramadán (llamadme ignorante), pero después de consultar algunas páginas sobre el tema y de hablar con gente que lo había vivido como visitante, y ver que todo eran recomendaciones positivas, decidimos visitar la ciudad en unas fechas tan importantes para el mundo islámico. Y ciertamente ha sido positivo, aunque nos ha proporcionado un pequeño contratiempo que comentaré luego. 


Comenzamos la visita paseando por la zona de Sultanahmet, en la que se hallan las principales atracciones de la ciudad como Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Mezquita de Suleymaniyé o el impresionante Palacio de Topkapi. La concentración de puntos de interés en esta zona es tal que podrías pegarte días sin salir de ella yendo de monumento en monumento. Pero para tener una perspectiva más completa de la ciudad, tardamos poco en cruzar el Puente Gálata sobre el Bósforo para subir a la Torre Gálata y contemplar sus orillas europea y asiática desde un punto privilegiado.


Recorrer el Palacio Topkapi, residencia de los sultanes durante siglos y situada en el Parque Gülhane, nos tomó cerca de 4 horas. Es un palacio muy grande y bonito en el que podemos ver -supuestas- reliquias de Mahoma como la huella de su pisada en piedra o pelos de su barba, los tesoros de los sultanes, sus salones, jardines y piscinas, y el harén, en el que las concubinas del sultán luchaban por ser la favorita del mismo. En el mismo parque se halla el Museo Arqueológico, que alberga parte de la puerta mesopotámica de Ishtar que ya vimos en Berlín hace un par de años, y un supuesto sarcófago de Alejandro Magno, no visible por restauración. Cerca de Santa Sofía se encuentra la Basílica Cisterna, un antiguo templo cristiano convertido en inmenso aljibe por los sultanes, que tiene como máximo reclamo un par de columnas cuyo pie es la cabeza del ser mitológico Medusa.


Pero si hay un templo que uno no se puede perder en Estambul es Santa Sofía (Aya Sofia para los turcos). Primero fue basílica cuando así la construyeron los romanos en el S.VI, después mezquita al ser conquistada por el Imperio Otomano a mediados del XV y desde la época de Atatürk en los años 1920-30, museo. Resulta impresionante por su belleza, pero sobre todo por su tamaño dada la época de su construcción. Enfrente y cruzando la Plaza Sultanahmet tenemos la Mezquita Azul, otro templo también impresionante, pero menos para mi gusto. Sobre las mezquitas, decir que todas las que visitamos tenían un estilo muy similar entre sí, por lo que vista una... Ese mismo día vimos el bazar de las especias, un mercadillo en el que se puede comprar desde ropa a comida, pasando por juguetes, relojes de "primeras marcas" (=falsos), etc.


Si vas a Estambul y no has ido nunca a Asia (como era mi caso), puedes coger un ferry o un metro como hicimos nosotros y plantarte en el continente de al lado para poder contarlo. Nosotros aprovechamos para callejear por esa parte de la ciudad. De nuevo en Europa recorrimos la calle Istiklal (muy comercial), cruzamos la Plaza Taksim, que es una gran explanada con un parque cuyos árboles proporcionan una más que necesaria sombra, y cuya pretendida destrucción provocó merecidas protestas hace pocos años y visitamos una iglesia ortodoxa y otra católica (San Antonio de Padua).


En Estambul se haya uno de los lugares santos para el Islam que podría equivaler a la tumba de algún apóstol, como es la Mezquita Eyüp, edificada donde se halló la tumba del último discípulo de Mahoma, que pudimos visitar. Después subimos al mirador Pierre Loti, admiramos el Cuerno de Oro, bajamos en teleférico y llegamos en taxi (tras un sablazo de 5 liras) a la Iglesia de San Salvador, hoy museo. Posteriormente vimos un tramo de murallas y restos de un acueducto romano y callejeamos por el barrio, como casi todos los días, para terminar la tarde en el Parque Gülhane que rodea Topkapi.


Y cómo no, no podíamos dejar Estambul sin visitar un baño turco. Muy relajante, pero si tenéis problemas de espalda, cuidado. Y entonces llegó un pequeño contratiempo: los últimos días del Ramadán muchos establecimientos comerciales cierran, entre ellos el Gran Bazar. Nosotros dejamos su visita para los últimos días y por esto nos quedamos sin verlo. Una pena. Luego cogimos el ferry para ir a la Isla Büyükada, que forma parte de las Islas Príncipe. Un lugar con playas, yates, apartamentos y mansiones cerca del mar, y paseos en caballo, todo muy turístico, pero que se puede recorrer en unas pocas horas.


El último día visitamos el Palacio Dolmabahçe, donde vivieron algunos sultanes y donde murió Mustafá Kemal "Atatürk", el Padre de la Patria Turca y hombre que revolucionó y modernizó el país al llegar al poder en 1923. Es un palacio muy bonito en el que no dejan hacer fotos de sus interiores, y que tiene numerosas galerías de cuadros pertenecientes a sus poderosos ocupantes.


Aquí tenéis un enlace al resto de fotos del viaje en formato de galería de Picasa.


Salu2, Paco.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Amsterdam-Bruselas 2013 (II)

Yep, casi había olvidado que me faltaba escribir la segunda parte de la crónica del viaje, hace poco me encontré una amiga que me lo recordó, así que al lío... 

La verdad es que había escrito un par de párrafos hablando negativamente de Bélgica, pero visto con varias semanas de por medio no me parece justo. El caso es que, o porque veníamos de un país muy idílico, limpio y ordenado como Países Bajos, o porque nos esperábamos mucho de la capital de Europa, pero Bruselas (y Bélgica en general) nos decepcionó. De entrada nos encontramos una ciudad sucia, tanto en barrios sencillos como Anderlecht, como en el Barrio Europeo (el del Europarlamento), o cerca del centro. Otro punto negativo es que algunas cosas parecen funcionar un poco como aquí, "a la remanguillé" (indicaciones de puntos de interés, transportes). La bicicleta deja de ser omnipresente y se ve muchísimo menos que en Holanda, en parte porque los carriles bici son escasos. Y luego está el tema de los idiomas y sus 3 zonas lingüísticas: francófona, flamenca/neerlandesa, y alemana. Teóricamente uno se podría mover por todo el país en francés sin dificultad. El problema es que en Flandes (Brujas concretamente) parece que no quieren hablar en francés, y nos encontramos dos casos en que mi pareja preguntaba si hablaban francés, le respondían afirmativamente, comenzaba la conversación en este idioma, pero a las dos frases el interlocutor se pasaba al inglés.
Grand Place de Bruselas de noche.

Pero bueno, quitando estos detallitos, la visita fue muy interesante, y la cerveza belga compensa todo lo anterior. Merece la pena probar las distintas variedades de trapenses (cervezas de abadía) que ofrece el país, con una graduación más alta que las rubias y tostadas de aquí (de 7,5º aproximadamente, hacia arriba) y cada una con su matiz distintivo. Y mejor probarlas con el estómago lleno para no tener sustos. Respecto a la gastronomía, probamos los famosos mejillones con patatas y son eso... mejillones al vapor con patatas fritas. Los mejillones tienen un caldo muy bueno, eso sí, y los puedes comer con tomate o nata, pero es un alimento bien simple. También probamos los bombones de la franquicia Leónidas, pero por lo que nos contó después un belga, son al chocolate un poco lo que las pizzas Casa Tarradellas a la pizza tradicional...

Plaza de España, con su estatua de Don Quijote y Sancho Panza.

En cuanto a la visita a Bruselas, la céntrica Grand Place es uno de los mayores atractivos de la ciudad, sobre todo cuando cae la noche y sus bonitos edificios y quedan iluminados por luces de colores cambiantes. Otro punto imprescindible es el archiconocido Atomium construido en 1958 para la Exposición Universal, y en el que se pueden visitar todos sus átomos (un monumento ciertamente endogámico pero interesante). Junto al Atomium está MiniEuropa, una Europa en miniatura que contiene maquetas más o menos acertadas de monumentos de los países que componen la UE. Y digo esto porque, por ejemplo, en la zona de España, han puesto una Maestranza de Sevilla con un botón que al ser pulsado reproduce un continuo "¡olé!" mientras un torero da un capotazo a un toro. Topicazo mayor imposible. También está la Catedral de Santiago de Compostela, el Escorial y el Puerto de Barcelona (con una performance de un incendio bastante curiosa) con la estatua de Colón, y de otros países están la Torre Eiffel, el Big Ben, el Muro de Berlín, la Torre de Pisa, etc.

MiniEuropa con el Atomium de fondo (no, no es una maqueta más, mide más de 100m de altura).

Un monumento que tampoco puede ser ignorado es el Palacio de Justicia, un espectacular edificio del S.XIX con grandes escalinatas, espaciosos pasillos y una cúpula dorada de unos 100m de altura. Otros puntos de interés que visitamos son el clásico Manneken Pis y su equivalente femenino Jenneken Pis, las Galerías Saint Hubert, el parque Mont des Arts, el Parque de Leopoldo o el extenso Parque del Cincuentenario (con su propio Arco del Triunfo calcado de la Puerta de Brandeburgo de Berlín). Fuimos al Europarlamento con toda nuestra ingenuidad confiando en lo que decía su web acerca de las visitas: comenzaban a partir de las 10h y no requerían cita previa, con presentarse allí a esa hora bastaba. Pero no informaba que en ese momento estaba cerrado por obras, por lo que no pudimos más que verlo por fuera.

Palacio de Justicia de Bruselas.

Bruselas es una ciudad muy ligada al cómic, se ve en el gran mural de la Estación Midi dedicado a Hergé y Tintín, en los numerosos murales decorados con escenas de cómics, en los rótulos de calle simbólicos que hay por el centro (con nombres como Lucky Luke o Mafalda), en sus tiendas de cómics (si os gusta este género no os perdáis la inmensa Cómics BD), e incluso tiene su propio Museo del Cómic (no llegué a visitarlo). Y si os gustan los coches podéis visitar Autoworld, un recorrido por el automovilismo desde las carrozas tiradas por caballos hasta prototipos actuales.

Mural dedicado a Tintín (a la izquierda) y Hergé en la Estación Midi, en Bruselas.

En Bélgica también visitamos Brujas, en Flandes, una ciudad parecida a las de los Países Bajos con canales y casas estilo neerlandés. De ella destaco el Markt (monumental plaza mayor), los 4 molinos que hay junto a uno de los canales, la visita al Historium Brugge (un recorrido audiovisual por la historia de la ciudad a través de algunos de sus habitantes), la Lonja, una exposición de Dalí y otra de Picasso y el arte abstracto.

Markt de Brujas.

El resto de fotos de Bélgica están a partir de ésta. En definitiva, ha sido un viaje muy interesante a dos países que tienen menos en común de lo que parece desde fuera, pero que cada uno tiene su atractivo particular.


Salu2, Paco.

miércoles, 24 de julio de 2013

Amsterdam-Bruselas 2013 (I)

Hace unos días estuve por Ámsterdam y Bruselas y alrededores de estas ciudades con mi pareja. En Países Bajos encontré lo que me esperaba, es decir, un país bonito y ordenado resumiéndolo mucho, pero Bélgica fue un poco decepcionante, principalmente por la suciedad y por muchas cosas que no funcionan como deberían funcionar en un país que alberga una de las capitales de Europa. Pero esto lo explicaré en el siguiente artículo.

Ámsterdam.

Centrándome en Ámsterdam y Países Bajos, lo que primero que corroboré es que la bicicleta es el rey, junto con los canales, de las ciudades que vimos, que fueron la propia capital, Haarlem y Utrecht. Las ciudades están diseñadas para las bicis. Hay párkings con miles de bicis, carriles bici tanto en el centro histórico como barrios más externos y muchos talleres de reparación de estos vehículos. Y se nota en el ruido y la polución, más bajos que por aquí. Al cruzar las calles, al principio hay que ir con mucho cuidado (hay ciclistas que parecen estar haciendo una crono del Tour, y aparte está el TRAM, el Bus y el tráfico privado), pero controlan más de lo que parece. Moverse por la ciudad es fácil usando el transporte público.

Ámsterdam.

Los Países Bajos son, como dice mi padre, una postal tras otra. Vayas donde vayas encuentras zonas verdes (normal con lo que llueve allí) con parques muy frondosos, pero también bonitos edificios. Las catedrales protestantes no son tan bonitas (ni por dentro ni por fuera) como las católicas, debido a su falta de decoración ostentosa principalmente, pero las hay muy interesantes. Las 3 ciudades que vimos estaban surcadas por canales, y en ellos mucha gente vive, se transporta y hace negocio con los tours turísticos. Y en los canales hay tanto puentes de piedra como móviles e incluso molinos usados antiguamente para drenar agua -aunque cada vez quedan menos- que vale la pena ver.

Ámsterdam.

Visitamos algunos museos con el de Van Gogh, el Rijksmuseeum (caros pero interesantes) o el Museo del Sexo, muy centrado en artilugios sexuales y pornografía a lo largo de la historia, así como la Casa de Ana Frank y alguna que otra iglesia. El problema de ver museos e instalaciones similares en Ámsterdam -aparte de su precio- es el horario: la mayoría abren de 10h a 17h, lo que limita mucho lo que ver en un día y te obliga a filtrar (nos perdimos la Casa de Rembrandt por este motivo) y a pegarte largos paseos el resto de la jornada. Afortunadamente, la ciudad tiene muchas cosas para ver desde fuera y no te aburres. Como los canales y los barcos que los navegan, algunos molinos, y sobretodo sus peculiares casas. Vale la pena fijarse en ellas mientras se pasea, en sus fachadas, escudos, detalles, y lo torcidas que están algunas por cierto. Además, muchas de ellas están inclinadas hacia adelante, lo que evita rascar la fachada cuando se suben muebles por la polea que casi todas tienen en lo alto de su fachada. Edificios como la Bolsa, el Palacio Real o la Estación Central también merecen atención.

Utrecht.

También pasamos por el Barrio Rojo, en el que prostitutas se exponen en escaparates decorados por neones rojos y negocian tras el cristal el precio del servicio con los clientes que pasan, la mayoría borrachos y maleducados (y extranjeros). Para el visitante desacostumbrado como yo puede resultar chocante ver prostitutas expuestas como trozos de carne, pero lo cierto es que allí es una actividad legal y muy regulada. Y ya que estábamos allí, entramos en un coffee-shop en el que probé un "pastelito de la risa" (no fumo, así que era la manera más adecuada que se me ocurrió de probar el hachís). Para resumirlo mucho diré que no estoy hecho para las drogas (o al revés). Demasiada pérdida de control, pero por otro lado entiendo que mucha gente busca eso y lo consigue.

Barrio Rojo de Ámsterdam.

Respecto a los holandeses, la mayoría son muy amables, casi todos hablan perfecto inglés y es algo de agradecer porque el neerlandés tiene miga, son más altos que nosotros (esto ya me pasó en Alemania el año pasado, con mi 1,81 tenía cierto complejo de canijo) y el tema de la integración racial lo llevan muy bien, o al menos es lo que parece desde fuera.

Molino en Ámsterdam.

El resto de fotos las tenéis aquí. En otro capítulo hablaré de Bélgica...


Salu2, Paco.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pirineos 2011

El pasado agosto estuve unos días por el Pirineo Aragonés (zona de Jaca) visitando a unos amigos. Hemos aprovechado para hacer algunas excursiones y actividades por el área.

La verdad es que subí a Pirineos buscando algo de fresquito, cosa que intento hacer cada año, ya que por la zona de Levante el verano suele ser bastante caluroso (salvo este), pero me he encontrado con una temperatura similar a la de La Plana aunque menos húmeda, lo que se conoce que la hace más soportable, ya sabéis los tópicos...

La primera excursión fue desde el Zoo de Piedrafita de Jaca al Ibón de Piedrafita por una senda que se tardaba menos de 2 horas en recorrerse... teóricamente. Digo teóricamente porque el colega que me acompañaba y servidor nos equivocamos al coger la pista y cogimos una que nos hizo recorrer cerca del doble de camino. El Ibón en sí es un pequeño lago situado a las faldas de Peña Telera, montaña perteneciente a la bonita Sierra de la Partacúa. En agosto estaba algo seco (1 metro de altura) y lleno de algas, aunque algún osado se bañó con su perro.


Ibón de Piedrafita.

La seguna excursión fue todo un clásico: el Valle de Ordesa. De más joven (1992-93) había estado un par de veces en el Valle, pero había hecho el recorrido desde la Cola de Caballo -en realidad desde el Refugio de Góriz- hacia el parador/aparcamiento. Esta vez fuimos a Torla, cogimos el autobús lanzadera hasta el aparcamiento (ahora no dejan subir allí ni en coche ni siquiera en bici, antes sí) y de allí hicimos la ruta hasta la Cola de Caballo subiendo junto al cauce del río Arazas. Es una ruta de 17Km en total, pero realmente es apta para prácticamente todo el mundo, ya que gran parte de la misma transcurre por pista y el resto de senda no tiene complicaciones. Es una ruta muy completa: hay un río, muchas cascadas y bañeras, bosques, un espectacular valle, discurre por sendas y pistas, se ven importantes picos del Pirineo como el Monte Perdido, los paisajes son muy bellos y podemos volver por caminos alternativos, como la Senda de Cazadores.

Cascadas de Easo, río Arazas, de camino al Valle de Ordesa.

Valle de Ordesa.

Al día siguiente hicimos un descenso en canoa doble por el río Gállego saliendo desde cerca de Murillo de Gállego. El descenso recorría 8Km y tenía rápidos de nivel I y II -no muy complicados-, pero manejar una canoa doble puede ser complicado si no hay una buena coordinación entre los dos remeros, y como ese fue el caso, volcamos varias veces (una de ellas fue bastante incomprensible). Comparado con el descenso en canoa por el Sella asturiano (saliendo desde Arriondas, un recorrido que hice hace años), creo que vale más la pena el Gállego: ese tramo del Sella es muy plano y se hace largo y aburrido, mientras que el Gállego es más divertido al tener más rápidos y más corriente, a pesar de ser la mitad de largo.

Río Gállego.

Durante el viaje de vuelta hicimos una parada en el Castillo de Loarre, un castillo románico de los mejor conservados de Europa (normal, según la guía no vivió batalla reseñable alguna). Luego me enteré que en este castillo se ha rodado alguna película como "El reino de los cielos". Gracias a la guía supimos cosas como que el castillo hizo de monasterio durante un par de décadas, pero que los monjes se fueron por el frío, que los vecinos lo usaron como cantera cuando dejó de realizar su función defensiva, o las posibles utilidades de la peculiar entrada del castillo, que tiene una escalera de 2 niveles (supuestamente para nobles y plebeyos respectivamente). Una visita muy recomendable.

Castillo de Loarre, en Huesca.

El resto de fotos las tenéis aquí.


Salu2, Paco.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Irlanda 2010

Este agosto me he pegado una semanita en Irlanda con unos amigos. Hemos visitado la mitad norte de la isla, ya que el tiempo era escaso para bajar al sur, pero aún así han sido unos días muy interesantes. Irlanda es una isla con una historia muy interesante y desgraciadamente violenta por los enfrentamientos entre republicanos y unionistas (no es muy adecuado llamarles católicos y protestantes pero bueno). A día de hoy, y a pesar que el tratado de paz se firmó hace unos años, aún se ven cosas que hacen pensar que la calma total está lejos de ser alcanzada.
Carrick-a-Rede, en Irlanda del Norte.

Por ejemplo, en Belfast aún persiste la llamada "peace line", que no es más que un muro vallado que separa el barrio católico (Falls Road) del resto de la ciudad y que aún tiene puertas para vehículos que cierran a determinadas horas de la noche. Los murales, tanto unionistas como republicanos, también dan una medida de cómo está el asunto allí. Los primeros ensalzan a la corona británica, los paramilitares y otros personajes británicos como Cromwell; los segundos se centran más en homenajear a miembros del IRA fallecidos en el pasado y a personalidades afines a la causa independentista propias y extranjeras.
Mural en homenaje a grupos paramilitares unionistas en Belfast.

En Belfast operan taxistas con vehículos preparados para llevar a 6 o más personas que por unas 10 libras os darán una vuelta de unas 2 horas por la ciudad y os explicarán brevemente la historia de la ciudad, los murales y datos para comprender la crudeza del conflicto.
Memorial republicano en Belfast.

Otra ciudad donde son palpables las trazas de los "troubles" es Derry (Londonderry para los unionistas), está al oeste de Irlanda del Norte y es una bonita ciudad de mayoría católica. Aquí nos dejamos guiar durante más de 1 hora por Garvin, guía de la compañía Martin McCrossan, que por 4 libras nos explicó la historia de la ciudad de forma muy apasionada recorriendo a pie las murallas del barrio protestante -murallas de varios siglos que rodean el barrio y que a día de hoy permanecen completas. En Derry también hay murales, aunque por falta de tiempo sólo vimos los más importantes de la parte republicana.
Puesta de sol sobre Derry.

Entre ambas ciudades pasamos por la Calzada del Gigante, un lugar increíble formado por cientos de columnas de basalto que, por ejemplo, sirvió como paisaje para la portada del "Houses of the Holy" de Led Zeppelin. Otro lugar interesante es Carrick-a-Rede, paraje de abruptos acantilados cubiertos de hierba verde y que en ocasiones esconden asombrosas playas de agua azul turquesa... y aguas heladas. La principal atracción del sitio es un puente de cuerda de 20 metros de largo por 25 de altura por el que hay que pagar para cruzar, pero vale la pena.
La Calzada del Gigante o Giant's Causeway...

...Y la portada y contraportada del "Houses of the Holy" de los Zeppelin.


Spanish Arch en Galway.

Ya en la República de Irlanda visitamos Galway, al oeste de la isla. Esta pequeña ciudad costera tiene vínculos con España, ya que hace siglos existió un importante tráfico comercial entre nuestro país y el puerto de esta población. En Galway está el Spanish Arch, 2 arcos de piedra del S.XVI junto al puerto. Dejamos Galway y nos acercamos a los Acantilados Moher, un impresionante paraje similar a Carrick-a-Rede pero con acantilados aún más pronunciados. Ah, de camino a Galway nos acercamos brevemente a Ballyshanon, el pueblo natal de mi venerado Rory Gallagher, donde pude contemplar la lograda estatua que erigieron en su homenaje en junio de este año.
Cliffs of Moher.

Los últimos 3 días los pasamos en la capital, Dublín, una ciudad no demasiado grande ni excesivamente llamativa. Algo bueno que tiene es que los principales puntos de interés se concentran en el centro de la urbe, lo que hace prescindible el uso de cualquier vehículo. Bueno, la fabrica de cerveza negra Guinness está más alejada (realmente nada del otro mundo, lo único salvable es tomarse una pinta en el bar ubicado en lo alto del edificio contemplando toda la ciudad en una vista casi circular), al igual que la prisión de Kilmainham, construida en el S.XVII y de gran valor histórico, pues por ejemplo entre otros fueron fusilados en su patio los líderes de la Rebelión de Pascua de 1916. Hablando de la omnipresente Guinness, otra visita etílica que para mi fue más interesante es la de la destilería del whiskey Jameson. Al contrario que en la Guinness, en la que te dan una audioguía y ahí te las apañes, aquí un guía en un inglés comprensible te enseña de forma amena el proceso de fabricación y peculiaridades de este whiskey, y al finalizar te sirven una toma en varias versiones: sólo, con hielo, con gengibre o con cola. El whiskey está de coña, pero solo y a las 11 de la mañana... vaya.
Vista nocturna del río Leffey a su paso por Dublín.

Prisión de Kilmainham Goal.

La exposición Duvlinia muestra -de forma ciertamente infantiloide- la influencia de los vikingos en la historia irlandesa y de la ciudad. Interesantes son también las visitas a las catedrales de Cristo y San Patricio, que por cierto cuentan ambas con un muro torcido que creo ser el único que no apreció (me sentí como aquel personaje de "Mallrats" cuando no podía ver el velero en uno de aquellos cuadros mágicos de los 90), y con tiendas de merchandaising en su interior, algo que aunque soy ateo no acabo de ver apropiado, pero allá ellos. El Castillo de Dublín es un lugar imprescindible bajo mi punto de vista, y gracias a un peculiar guía (un irlandés que manejaba muy bien nuestro idioma) supimos que allí tienen un espejo que la monarquía francesa prestó a Irlanda y que aún estos no han devuelto, o que aún no tienen muy claro dónde dormirá la Reina de Inglaterra cuando visite la ciudad el año próximo...
Four Courts o Juzgados, este edificio fue bombardeado durante la Guerra Civil Irlandesa de 1922.

Ya en el plano más festivo, la principal zona de marcha (al margen del Liberties) se concentra en el céntrico Temple Bar: básicamente una calle principal y otras adyacentes llenas de pubs clásicos y no tanto (como el restaurante Hard Rock Café), en los que se toma muchísima Guinness (en pinta para los hombres si uno no quiere pasar por algún chascarrillo sobre nuestra hombría del camarero; media pinta para las damas) y se escucha tanto música pop-rock contemporánea como folk tradicional irlandés. Lo peculiar de esta música es que en muchos pubs es interpretada en directo por bandas eléctricas o acústicas que animan mucho el ambiente, y es bonito ver a los asistentes cantar con los intérpretes sus temas.
Temple Bar a media tarde.

Un último comentario sobre el clima: es cierto que disfrutan poco del sol y que llueve a menudo, pero las lluvias (al menos este agosto) son suaves y con un chubasquero se puede hacer vida normal. Para que os hagáis una idea, el clima en general me recordó al de nuestros abril-mayo. Si queréis ver el resto de fotos, las tenéis en mi álbum de Picasa aquí.


Salu2, Paco.

sábado, 9 de enero de 2010

Barcelona 2010

He estado unos días de enero en Barcelona, mi ciudad natal, y he aprovechado para ir a algunos de los sitios que solía visitar con mis padres de crío. También he visto en el Camp Nou un par de partidos del Barça, contra el Vila-real en Liga y contra el Sevilla en Copa del Rey, pero no le he dado buena suerte precisamente (1-1 y 1-2 respectivamente).

Laberinto de cipreses en el Parc Laberint.

Uno de los sitios a los que fui de cabeza, y aprovechando que los domingos no cobran por entrar (antes era gratuito), es el Parque Laberinto. Es mi parque favorito de Barcelona, más que el Parque Güell de Gaudí, que por lo que me han contado está ahora muy masificado y convertido en un gran top manta, así que lo evité. El volver a perderme en el laberinto de cipreses, en el bosque y sus jardines me trajo recuerdos muy gratos. Es un lugar con historia que se empezó a construir en el siglo XVIII que os recomiendo, y si queréis ir en transporte público podéis llegar mediante la línea 3 del metro, parada Montbau.

La Catedral en obras.

También visité la Catedral, estos días en obras. Es un templo de estilo gótico impresionante. Recorrí las Ramblas y comprobé que más o menos está todo igual: sigue habiendo estatuas humanas (todas bien alineadas y algunas espectaculares), vendedores ambulantes (este año la moda era vender un juguete fluorescente y porculero que se lanzaba al aire y caía como un helicóptero), caricaturistas, kioscos, floristerías e incluso algún trilero. Lo que sí ha cambiado son los Encantes de Belcaire, que cada día se parecen más a un mercadillo convencional que a un sitio en el que encontrar cosas viejunas e interesantes. Y el tener tan cerca la torre Agbar -alias 'la polla de Barcelona'- se hace raro.

La Rambla infestada de gente.

El Aquàrium era un sitio nuevo para mi, y quería compararlo con los acuarios de Valencia (impresionante) y Donostia (más pequeño), y no me defraudó. Tiene un largo túnel de 80 metros en el oceanario que permite ver de cerca tiburones, mantas, peces luna y otros bichos. Lo que no me gustó es que mucha gente no respetara la prohibición de hacer fotos con flash, aunque el personal del Aquàrium tampoco se esforzaba mucho en hacer cumplir la norma. Esto concuerda con algo que se comenta de Barcelona desde hace tiempo, y es que se ha convertido en un gran parque de atracciones en el que el turista es el rey consentido. Me fui de la ciudad con algo de esa sensación.

El túnel del Aquàrium de Barcelona.

La tarde del 5 vi la cabalgata de los Reyes Magos. Hacía años que no veía una cabalgata y esta no me desagradó, ya que por su estilo también se hace vistosa para adultos. Por cierto, la encabezaba el gran Mag Lari, colaborador habitual de Buenafuente. Un detalle bastante feo fue ver a padres que ponían sus paragüas del revés para acaparar los caramelos lanzados desde las carrozas. Mal ejemplo para los críos. Algo que hacía tiempo que no visitaba era la Fira de Reis de la Gran Vía. Con la crisis había mucho visitante y poco comprador, pero a medianoche la cosa se animó por las compras de última hora.

Carroza de la Cavalcada de Reis. Fijaros en la esquina inferior derecha: cuando se acercaba una carroza los padres invertían sus paragüas...

Por último pegué un vistazo a la Sagrada Família, y sigue igual que siempre: inacabada, rodeada de grúas y turistas haciendo fotos y con dos estilos arquitectónicos muy distintos según a qué parte mires. Se entiende que por tiempo y presupuesto -principalmente- no puedan continuarla tal y como la diseñó Gaudí, pero la sensación que da es de un monumento hecho a retales. Un familiar me decía que lo nuevo es como de Star Wars, y razón no le falta.

La siempre inacabada Sagrada Família.

Si queréis ver más fotos de mi visita pinchad aquí y accederéis a una galería de Picasa.


Salu2, Paco.