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martes, 25 de agosto de 2015

Praga-Viena 2015: Praga

Este verano hemos visitado Praga (y alrededores) y Viena. En esta entrada os comentaré la primera parte del viaje, y en la siguiente, la segunda.

Plaza de Wenceslao.
Nada más llegar a Praga recogimos la Prague Card, una tarjeta turística que proporciona acceso ilimitado al transporte público de la ciudad (que funciona realmente bien) y descuentos en las atracciones más importantes, y que al contrario que las tarjetas de algunas ciudades como Estambul, realmente se amortiza. Lo primero que visitamos fue el Museo Nacional, pero al estar en reformas en estas fechas, tuvimos que ver su contenido en un moderno edificio situado justo al lado. No es un museo imprescindible. Frente a él se situa la Plaza de Wenceslao, en la que tuvieron lugar las manifestaciones contra el gobierno comunista a finales de los 80, y ahora plagada de tiendas de moda y establecimientos de restauración. Cerca de aquí se hallan el interesante Museo Mucha, con numerosas obras del artista de art noveau Alfons Mucha (que tenía un estilo muy personal, similar al cómic) y el Museo del Comunismo, un pequeño museo en el que suena contínuamente la Internacional y en el que podremos ver objetos, documentos y reportajes sobre este período de historia de la República Checa.

Cristalera en la Catedral de San Vito.
Algo que no podíamos perdernos es el famoso Puente de Carlos, un vetusto puente de piedra sobre el río Moldava adornado con una treintena de esculturas y plagado de turistas, músicos callejeros, dibujantes y vendedores ambulantes. Un ambiente parecido al de las Ramblas de Barcelona, vamos. A decir verdad, la ciudad es extremadamente turística y es inevitable hallarse rodeado de turistas en cualquiera de las principales atracciones. A ambos lados del puente hay unas torres (de las muchas que hay en la ciudad), y visitamos la más alta de ellas. Cerca de este puente está el Museo de Karel Zeman, un cineasta checo famoso por usar diversas técnicas de efectos especiales en sus obras. Si no conocéis su obra, podéis prescindir de su visita. Ahora bien, sí queréis ver unos efectos especiales peculiares en un teatro, no os perdáis una función de teatro negro. Asistimos a un pase en el teatro Metro, que tiene la particularidad de enseñarte cómo lo hacen todo al terminar la función de una forma muy participativa.

Panorámica de Praga.
Al otro lado del río Moldava y supervisando la ciudad, se halla el Castillo de Praga, que en realidad es un conjunto de edificios que puede ocuparnos perfectamente medio día si queremos ver lo más importante: la Catedral de San Vito (la más grande de Centroeuropa, inmensa), el Antiguo Palacio Real (donde se produjeron los defenestramientos de la época de Jan Hus), el Convento y Basílica de San Jorge y la Callejuela del Oro, en la que se halla la que fuera residencia de Frank Kafka. Merece la pena subir andando desde el Puente de Carlos, realizar la visita y bajar por los jardines que lo rodean, no está a una altura excesiva y las vistas lo valen. Ah, todos los días a las 12h se realiza el cambio de guardia en el Castillo, con sus "coreografías" y una pequeña banda que ameniza el acto con fanfarrias, es algo curioso de ver.

Teatro negro.
Cerca del Castillo se halla el Monte Petrýn, a cuya cima podemos acceder mediante funicular, y en el que se encuentra la Torre Petrýn -una especie de Torre Eiffel visitable desde la que tendremos unas magníficas vistas de la ciudad, tras escalar tropecientos escalones, eso sí-, el Observatorio y el Laberinto de Espejos. Ya en el centro, en las inmediaciones de la gran Plaza de la Ciudad Nueva, se encuentra el famoso Reloj Astronómico, en el que cada hora veremos desfilar estatuillas de los 12 apóstoles. Más lejos se encuentra la Torre de la Pólvora, otra torre visitable cerca de la Casa Municipal. Al norte de la Plaza está Josefov, el barrio judío, en el que podremos visitar las 6 sinagogas (incluida la magnífica y recargada Sinagoga Española), el Memorial por las víctimas del Holocausto y el famosísimo Cementerio Judío, con sus lápidas apiladas de manera desordenada. Vale la pena visitar este barrio para aprender sobre la vida de esta comunidad en este país.

Cúpula de la Sinagoga Española.
Respecto a los alrededores de Praga, visitamos por un lado Pilsen (lugar en el que nació el archiconocido estilo de cerveza pilsen), y por otro Terezín, una ciudad-campo de concentración con una historia muy curiosa. En cuanto a Pilsen, es una ciudad muy normal comparada con la hiperturística Praga, en la que destacan: la Gran Sinagoga, que es la más grande de la R.Checa, una construcción enorme, y que cuenta con una muy interesante exposición de fotos de la II Guerra Mundial; la fábrica de cerveza Pilsner Urquell, un lugar imprescindible si sois amantes del "zumo de cebada", como es mi caso (dentro te "obsequian" con un vaso de cerveza sin filtrar, y te puedes ganar otro vaso extra si ganas a tu rival en una divertida carrera de toneles); las Catacumbas, una red de túneles subterráneos que merece la pena visitar si te toca un buen guía, cosa que no nos pasó... El Museo de la Cerveza es un lugar prescindible.

Fábrica de cerveza Pilsner Urquell.
La historia de Terezín es que fue una ciudad-fortaleza usada por los nazis como lugar de paso de sus prisioneros hacia los campos de exterminio como Auswitz, y en la que el ejército de Hitler montó, en una elaborada farsa, una especie de ciudad-balneario para judíos con motivo de la visita de observadores internacionales de la Cruz Roja en 1944, para convencerles (y parece que lo logró) de que sus prisioneros eran tratados de modo excelente. Incluso rodó una propagandística película dirigida por un judío (engañado para ello, claro), para más inri. Unos 33.000 prisioneros murieron allí debido a las pésimas condiciones de vida a las que fueron sometidos, y anteriormente por ahí pasó algún que otro preso tan "insigne" como el asesino del archiduque Francisco Fernando, que provocó el inicio de la I Guerra Mundial. La prisión, usada como campo de concentración, y sus muros, catacumbas, habitaciones (en las que se hacinaban unas 80 personas en 50m2) y patios son, sin duda, lo más interesante de la visita.

Ducha en el campo de concentración de Terezín.
Aquí tenéis el resto de fotos del viaje. En la próxima entrada visitaremos Viena...


Salu2, Paco.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Amsterdam-Bruselas 2013 (II)

Yep, casi había olvidado que me faltaba escribir la segunda parte de la crónica del viaje, hace poco me encontré una amiga que me lo recordó, así que al lío... 

La verdad es que había escrito un par de párrafos hablando negativamente de Bélgica, pero visto con varias semanas de por medio no me parece justo. El caso es que, o porque veníamos de un país muy idílico, limpio y ordenado como Países Bajos, o porque nos esperábamos mucho de la capital de Europa, pero Bruselas (y Bélgica en general) nos decepcionó. De entrada nos encontramos una ciudad sucia, tanto en barrios sencillos como Anderlecht, como en el Barrio Europeo (el del Europarlamento), o cerca del centro. Otro punto negativo es que algunas cosas parecen funcionar un poco como aquí, "a la remanguillé" (indicaciones de puntos de interés, transportes). La bicicleta deja de ser omnipresente y se ve muchísimo menos que en Holanda, en parte porque los carriles bici son escasos. Y luego está el tema de los idiomas y sus 3 zonas lingüísticas: francófona, flamenca/neerlandesa, y alemana. Teóricamente uno se podría mover por todo el país en francés sin dificultad. El problema es que en Flandes (Brujas concretamente) parece que no quieren hablar en francés, y nos encontramos dos casos en que mi pareja preguntaba si hablaban francés, le respondían afirmativamente, comenzaba la conversación en este idioma, pero a las dos frases el interlocutor se pasaba al inglés.
Grand Place de Bruselas de noche.

Pero bueno, quitando estos detallitos, la visita fue muy interesante, y la cerveza belga compensa todo lo anterior. Merece la pena probar las distintas variedades de trapenses (cervezas de abadía) que ofrece el país, con una graduación más alta que las rubias y tostadas de aquí (de 7,5º aproximadamente, hacia arriba) y cada una con su matiz distintivo. Y mejor probarlas con el estómago lleno para no tener sustos. Respecto a la gastronomía, probamos los famosos mejillones con patatas y son eso... mejillones al vapor con patatas fritas. Los mejillones tienen un caldo muy bueno, eso sí, y los puedes comer con tomate o nata, pero es un alimento bien simple. También probamos los bombones de la franquicia Leónidas, pero por lo que nos contó después un belga, son al chocolate un poco lo que las pizzas Casa Tarradellas a la pizza tradicional...

Plaza de España, con su estatua de Don Quijote y Sancho Panza.

En cuanto a la visita a Bruselas, la céntrica Grand Place es uno de los mayores atractivos de la ciudad, sobre todo cuando cae la noche y sus bonitos edificios y quedan iluminados por luces de colores cambiantes. Otro punto imprescindible es el archiconocido Atomium construido en 1958 para la Exposición Universal, y en el que se pueden visitar todos sus átomos (un monumento ciertamente endogámico pero interesante). Junto al Atomium está MiniEuropa, una Europa en miniatura que contiene maquetas más o menos acertadas de monumentos de los países que componen la UE. Y digo esto porque, por ejemplo, en la zona de España, han puesto una Maestranza de Sevilla con un botón que al ser pulsado reproduce un continuo "¡olé!" mientras un torero da un capotazo a un toro. Topicazo mayor imposible. También está la Catedral de Santiago de Compostela, el Escorial y el Puerto de Barcelona (con una performance de un incendio bastante curiosa) con la estatua de Colón, y de otros países están la Torre Eiffel, el Big Ben, el Muro de Berlín, la Torre de Pisa, etc.

MiniEuropa con el Atomium de fondo (no, no es una maqueta más, mide más de 100m de altura).

Un monumento que tampoco puede ser ignorado es el Palacio de Justicia, un espectacular edificio del S.XIX con grandes escalinatas, espaciosos pasillos y una cúpula dorada de unos 100m de altura. Otros puntos de interés que visitamos son el clásico Manneken Pis y su equivalente femenino Jenneken Pis, las Galerías Saint Hubert, el parque Mont des Arts, el Parque de Leopoldo o el extenso Parque del Cincuentenario (con su propio Arco del Triunfo calcado de la Puerta de Brandeburgo de Berlín). Fuimos al Europarlamento con toda nuestra ingenuidad confiando en lo que decía su web acerca de las visitas: comenzaban a partir de las 10h y no requerían cita previa, con presentarse allí a esa hora bastaba. Pero no informaba que en ese momento estaba cerrado por obras, por lo que no pudimos más que verlo por fuera.

Palacio de Justicia de Bruselas.

Bruselas es una ciudad muy ligada al cómic, se ve en el gran mural de la Estación Midi dedicado a Hergé y Tintín, en los numerosos murales decorados con escenas de cómics, en los rótulos de calle simbólicos que hay por el centro (con nombres como Lucky Luke o Mafalda), en sus tiendas de cómics (si os gusta este género no os perdáis la inmensa Cómics BD), e incluso tiene su propio Museo del Cómic (no llegué a visitarlo). Y si os gustan los coches podéis visitar Autoworld, un recorrido por el automovilismo desde las carrozas tiradas por caballos hasta prototipos actuales.

Mural dedicado a Tintín (a la izquierda) y Hergé en la Estación Midi, en Bruselas.

En Bélgica también visitamos Brujas, en Flandes, una ciudad parecida a las de los Países Bajos con canales y casas estilo neerlandés. De ella destaco el Markt (monumental plaza mayor), los 4 molinos que hay junto a uno de los canales, la visita al Historium Brugge (un recorrido audiovisual por la historia de la ciudad a través de algunos de sus habitantes), la Lonja, una exposición de Dalí y otra de Picasso y el arte abstracto.

Markt de Brujas.

El resto de fotos de Bélgica están a partir de ésta. En definitiva, ha sido un viaje muy interesante a dos países que tienen menos en común de lo que parece desde fuera, pero que cada uno tiene su atractivo particular.


Salu2, Paco.